
En la localidad de Sandiás, la educación en igualdad se vivió de forma cercana y compartida. El municipio impulsó una “Xincana en Familia” con un objetivo claro: sembrar valores de justicia y respeto desde la infancia a través del juego.
La iniciativa reunió a niños, niñas y personas adultas en una tarde distinta. Hubo risas, pero también reflexión. Cada actividad estaba pensada para romper estereotipos y dar visibilidad al papel de la mujer, tanto en la historia como en la sociedad actual.
El recorrido se organizó en tres paradas clave:
“Eu quero ser…” (5-6 años)
Los más pequeños jugaron a imitar profesiones. Sin darse cuenta, dieron un paso importante: entender que no hay trabajos “de chicos” o “de chicas”. Ellas se imaginaron como bomberas o mecánicas. Ellos, como cuidadores o docentes. Natural, sencillo… y necesario.
Viaje a “Vigualia” (7-8 años)
Un tablero gigante los llevó a una ciudad sin barreras. Allí conocieron historias reales de mujeres referentes como Begoña Vila o Olimpia Valencia. Cada casilla superada era también un aprendizaje sobre igualdad en el deporte y en el trabajo.
Música con ojo crítico
Las personas adultas se detuvieron a escuchar. Analizaron letras de canciones actuales. El objetivo: detectar mensajes de desigualdad y fomentar una mirada más crítica y respetuosa en lo cotidiano.
Más allá de las actividades, la jornada tuvo algo especial: el ambiente. Familias compartiendo tiempo, niños corriendo por el patio, juegos tradicionales como saltar a la cuerda… una mezcla de convivencia y aprendizaje sin artificios.
El cierre llegó con diplomas y una foto de grupo. Pero lo importante ya había ocurrido antes. Porque esta xincana fue mucho más que ocio: una forma de educar en igualdad, reforzar la comunidad y recordar que el cambio empieza en lo pequeño.






