Tras la decisión de parar las obras de humanización de la avenida de Portugal, los vecinos lidian con rampas en los portales, socavones llenos de tubos y entradas de garaje que ponen a prueba los neumáticos de los vehículos.
Cuestión aparte es que se ha «abierto» al tráfico la calle al retirarse las vallas que prohibían la entrada a la misma con el consiguiente peligro que esto supone para los peatones al no poder caminar por las aceras.
Los comerciantes tratan de aguantar el tirón ante una situación que lejos está, según parece, lejos de solucionarse de forma inmediata.

















