No hace mucho tiempo en el que Maruja regaba sus huertas con paciencia, Rosita hablaba con su ganado o Pedro recorría el pueblo acompañado de sus amigos caninos. Los más pequeños llenábamos las calles de Turzavella (A Peroxa) en verano, con noches inagotables recorriendo en medio de carreras el pueblo. Hoy solo son recuerdos de un tiempo que no volverá y del que ya solo queda tanta añoranza como ruinas.















































