redacción | 16 de septiembre de 2008
Un hombre al que tenían por medio tonto, entró una vez en la botica, y le dijo al boticario:
-¡Señor boticario, cuántas moscas tiene aquí!
-Pues mira – le dijo el boticario-, por cada una que mates, te doy un duro.
El hombre puso por testigos a las personas que estaban en la botica, y scomenzó a matar las moscas, juntando veinticinco.
El boticairo cogía una por una y mientras las separaba decía:
-Esta es “mosco”.
Separaba otra, y decía igual:
Esta es “mosco”.
Y así una tras otra, ninguna era mosca, todas eran “moscos” por lo que no pago ni un duro al paisano, que salió avergonzado de la botica ante las risas del boticario y los que allí se encontraban.
Pero aquel hombre tenía colmenas, y todos los años le mandaba la prueba de la miel al boticario. Así que cuando llego la hora, fue a las cuadras y cogiendo una poca mierda de las vacas la mezclo con la miel que le iba a mandar al boticario.
Pasó el tiempo y un día que fue el hombre por la botica, le preguntó al boticario si le había gustado la miel.
-Hombre, esta vez no estaba nada buena. Hasta parece – con perdón – que sabía la mierda. respondió el boticario.
-Y claro que la tenía – le dijo el medio tonto – pero, mire señor boticario, el que le sabe separar las moscas de los moscos, que separe la mierda de la miel.
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