La Zarza
Iba un sastre, a altas horas de la madrugada, camino a casa. Era una noche oscura y, debido a que apenas se veÃÂa, el sastre caminaba temeroso, abrigado con su capa y guiándose por que conocÃÂa bien el camino de lo mucho que lo habÃÂa andado.
Al doblar una curva, una de las zarzas que colgaban del muro que bordeaba el camino se enganchó a su capa. El sastre sobresaltado pensó que habÃÂa llegado el fin de sus dÃÂas, por lo que, con voz entrecortada, comenzó a suplicar:
-¡Ay, señor, déjeme marchar que sólo soy uno pruebe sastre!
La zarza seguÃÂa agarrándolo.
-¡Señor, déjeme, que soy un pobre! … ¡Por favor no me haga daño! ¡Yo no tengo ningún dinero, ni cosas de valor! ¡Suélteme señor, por amor de Dios!
Pero la zarza seguÃÂa agarrando.
El sastre callaba un instante y luego volvÃÂa a rogar, sin atreverse siquiera a girar la cabeza.
Asàpasaron horas, hasta que las primeras luces del alba animaron a sastre a, muy despacito, girar la cabeza. Al ver que era una zarza quien le habÃÂa prendido la capa, cogió las tijeras y comenzó a cortarla diciendo lleno de ira:
-¡Si hubieras sido hombre, igual te cortarÃÂa!

