La Zarza

La Zarza

Iba un sastre, a altas horas de la madrugada, camino a casa. Era una noche oscura y, debido a que apenas se veí­a, el sastre caminaba temeroso, abrigado con su capa y guiándose por que conocí­a bien el camino de lo mucho que lo habí­a andado.

Al doblar una curva, una de las zarzas que colgaban del muro que bordeaba el camino se enganchó a su capa. El sastre sobresaltado pensó que habí­a llegado el fin de sus dí­as, por lo que, con voz entrecortada, comenzó a suplicar:

-¡Ay, señor, déjeme marchar que sólo soy uno pruebe sastre!

La zarza seguí­a agarrándolo.

-¡Señor, déjeme, que soy un pobre! … ¡Por favor no me haga daño! ¡Yo no tengo ningún dinero, ni cosas de valor! ¡Suélteme señor, por amor de Dios!

Pero la zarza seguí­a agarrando.

El sastre callaba un instante y luego volví­a a rogar, sin atreverse siquiera a girar la cabeza.

Así­ pasaron horas, hasta que las primeras luces del alba animaron a sastre a, muy despacito, girar la cabeza. Al ver que era una zarza quien le habí­a prendido la capa, cogió las tijeras y comenzó a cortarla diciendo lleno de ira:

-¡Si hubieras sido hombre, igual te cortarí­a!

Última revisión: 16 noviembre 2007

Comentarios

Boletin de novedades

Para suscribirse a nuestro boletín introduzca su dirección e-mail.