La loba blanca

redacción | 8 de agosto de 2007

La loba blanca

Cerca de un pueblo del Courel, viví­a una manada de lobos que eran dirigidos por una enorme loba blanca. Un dí­a los lobos se llevaron varios terneros de un establo, por lo que las gentes de la aldea decidieron dar una batida para cazarlos.

Cuando los perros se encontraron con la manada, la loba blanca se enfrento a ellos mientras el resto de los lobos huí­an. Consiguió matar algunos y librarse del resto, sin embargo no pudo con las escopetas de los cazadores que la abatieron. Los hombres le arrancaron la piel pensando que podrí­an venderla por su raro color.

Ya de madrugada comenzaron a escucharse aullidos a lo lejos, aullidos que poco a poco se acercaban hacia el pueblo. La gente despertó asustada escuchando a los lobos aullar a las puertas de sus casas y aunque algunos salieron a las ventanas, fueron incapaces de ver más que sombras que desaparecí­an en la oscuridad de la noche.

Aunque no podí­an verlos disparaban donde poco antes se habí­a movido una sombra, pero no consiguieron que los aullidos cesasen hasta que salio el sol. Entonces los hombres buscaron los cuerpos de los lobos sin encontrar rastro alguno de ellos.

Dieron otra batida pero tampoco esta vez de esta vez vieron a los lobos.

Aquella noche volvieron los lobos y en esta ocasión no se conformaron con aullar al pie de las puertas. Se subieron a los tejados y comenzaron a hacerlo al lado de las chimeneas. Sus aullidos sonaban como si los lobos estuviesen en el interior de las casas. Cuentan que alguno de los habitantes de aquel pueblo, creyendo que los lobos habí­an entrado en su casa, salió corriendo a la calle…. Nunca más se supo de él.

Otra vez fue la salida del sol la que marcó el fin de los aullidos.

La gente temerosa se reunió en la plaza del pueblo para decidir que hacer. Algunos decí­an que era necesaria otra batida pero la mayorí­a pensaban que no eran lobos si no demonios y con los demonios no valen las batidas porque no se les puede matar.
Estaban discutiendo los unos y los otros, cuando una mujer con cierta fama de bruja dijo en voz alta:

- Vienen por la loba

callaron las voces y las miradas se dirigieron hacia ella.

Llevad la piel al claro que hay en medio del bosque

dijo para luego dirigirse hacia el cazador que la habí­a matado:

Lleva el cuerpo y déjalo sobre ramas de tejo de manera que le de la luz de la luna. El hombre así­ lo hizo, mientras el resto de la aldea se preparaba para pernoctar.

Durante esa noche se volvieron a oí­r los aullidos de los lobos pero no sonaban ya en la aldea si no en el claro del bosque donde habí­an dejado la piel de la loba. Los lobos le rendí­an el último homenaje a la que habí­a sido su reina.

Al salir el sol cesaron los aullidos y los vecinos no volvieron a ver desde aquella noche a la manada.

Dicen que algunas noches de luna llena, todaví­a es posible escuchar los aullidos de los lobos y algunos aseguran haber visto correr a la manada con la loba blanca a la cabeza.

 

Una bella historia, pero triste para quienes nos gustan los lobos. Me entristeció… :(
Pero en sí­, la historia está muy bien contada.
Saludos.

6 junio 2010 a las 21:48
soguidelfina

e unha das lendas q mais me fascinaron,e moi interesante e por suposto q me gustou moitisimo

24 abril 2008 a las 00:17

Moi bonita, inda que existen varias versións dela.

3 diciembre 2007 a las 10:44
katy

Me ha parecido muy interesante la historia, me ha gustado muxo :)

12 noviembre 2007 a las 15:38