Ourense, Cousa de Meigas

El abad y el marinero

14 Jul

categoría: Cuentos | comentarios: 0

El señor abad se dirigió hacia un pequeño puerto cercano a su monasterio con intención de cruzar la bahía en barca y visitar una iglesia situada en la otra orilla.

La mala suerte quiso que la barca estuviese averiada, por lo que el cura se dirigió a gritos a un hombre que estaba pescando no demasiado lejos.

El hombre le cruzó hasta la otra orilla y una vez allí el religioso le preguntó:

¿Estarás aquí cuando regrese?

Si no tarda mucho, aquí estaré.

Si es por dinero te pagaré lo que sea

No, no es asunto de dinero. Venga apresúrese que el tiempo se está oponiendo malo.

El señor abad se dirigió hacia la iglesia mientras el pescador continuó con su trabajo.

Cada vez el viento soplaba con más intensidad y negras nubes cubrían casi por completo el cielo.

Si no hubiese sido por el señor abad, me hubiese ido para casa – pensó en pescador.

Como no pescaba nada, se dirigió hacia la orilla donde al cabo de un buen rato apareció el abad:

Al fin, ya podemos irnos – dijo

De irnos nada, con estas condiciones no podemos echarnos a la mar - le respondió el pescador

Hombre, ¡pues yo tengo que estar en el monasterio antes de que anochezca!

Pues no va a poder ser

¡Hemos pasar sea como sea! ¿O acaso tienes miedo?

¿Miedo yo? ¡Señor abad, usted no sabe el que dice! Ya he caído varias veces al agua en condiciones como estas, pero si no cruzo es por usted …

Venga, llévame al otro lado y te daré un buen fajo de billetes.

Bueno, como quiera, pero luego no diga…

Y se echaron al agua. El viento era cada vez más fuerte y zarandeaba una y otra vez la barca. El miedo empezó a apoderarse del señor abad que se puso a rezar fervorosamente. Mientras el pescador remaba con todas sus fuerzas, pero la barca apenas avanzaba.

El señor cura, lleno de angustia, pidió al pescador:

¡Reza tu también, hombre!

No tengo tiempo- respondió- ¡Ni sé para qué!

¡Desgraciado! - dijo el señor abad – Perdiste la mitad de tu vida.

De pronto el bote dio un brinco, luego un bandazo y comenzó a hundirse.

El señor abad gritó:

Ah!

Y el marinero, con sarcasmo le dijo:

Señor abad, ¿usted sabe nadar?

No- Le respondió

¡Pues entonces yo he perdido media vida, pero usted va a perderla toda!

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