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Por veces recuerdo caminos perdidos
que sólo transitan personas heridas,
como almas en pena sin destino cierto,
largas procesiones que buscan la vida.

Marchan por la senda del silencio grave,
con la vista fija, sin decir palabra.
La gente del pueblo sabe de quien hablo,
sólo que la miran sin querer nombrarla.

Ambulan veredas de bosques cerrados
siempre acompañados de luna en menguante
y cruzan los surcos de trigales bajos,
viéndose a lo lejos como agonizantes.

Dicen que en las noches de niebla temprana
alumbran su paso con candiles tenues.
No se ven estrellas, los perros no ladran,
como por respeto a la santa compaña.

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