Hubo un tiempo lejano en el que un niño era el rey de Galicia. Pero este niño tuvo que huir de sus padres porque ellos, que eran reyes de otros reinos, lo buscaban para arrebatarle el suyo.
Vinieron a Galicia ejércitos de tierras lejanas y por donde pasaban sus caballos sembraron la guerra, el dolor y la muerte.
El niño rey fue protegido por monjes de Santiago que huyeron con él al sentir el galopar de los ejércitos de sus padres.
Nadie debía saber quien era ni donde se escondía, y por ello huían de un lugar a otro constantemente. En el transcurso de esta huida se refugiaron durante un tiempo en el pueblo de Santa María de Coba, los vecinos no sabían quienes eran aquellos extraños y misteriosos personajes, que cada vez que sonaban las campanas con un toque que previamente habían acordado, salían huyendo hacia los refugios construidos en tiempos lejanos en la Sierra para escapar de los ataques de los infieles.
Durante el tiempo que estuvieron refugiados, solamente en una ocasión se presentaron en el pueblo un grupo de caballeros armados que buscaban a un niño. Se referían a él como un Rey al que unos monjes pecadores tenían secuestrado por la fuerza y contra su voluntad. Nadie les dio información, quizás por el miedo o tal vez por el asombro que les producía el saber que aquel niño era un rey.
Poco después de este hecho, y tan misteriosamente como habían llegado, desaparecieron el niño rey y sus protectores.
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