redacción | 19 de junio de 2008
Según las fuentes clásicas – representadas fundamentalmente por Dion Casio y Orosio – fue el pretor Décimo Junio Bruto el encargado de llevar a cabo la primera de las expediciones romanas al noroeste de la península Ibérica hacia el año 137 a.C.
Aunque el objetivo principal de esta expedición era el de castigar las frecuentes razias que los galaicos realizaban en la Hispania Ulterior, la existencia de preciados minerales como estaño y oro era conocida por los romanos lo que invita a pensar que, de igual modo, tenía cierto carácter de reconocimiento.
Desplazándose por la costa desde el río Tajo, Bruto conquistó y sometió una ciudad tras otra. Nadie era capaz de oponer resistencia a la maquinaria de guerra romana y quienes lo hacían, como los 60.000 brácaros y galaicos que según relata Orosio lo hicieron junto al río Duero, pagaban la osadía con sus vidas.
Ovidio, el poeta, contó así aquel encuentro:
Por aquel tiempo Bruto tomó como sobrenombre el de su enemigo galaico y tiñó de sangre la tierra hispana.
Apiano y Antonio Diógenes relatan:
Para impedir el saqueo de las ciudades, las mujeres
luchaban al lado de los hombres manejando las armas
al tiempo que ellos, sin lanzar grito o súplica
alguna en la batalla cuando eran degolladas.
Las legiones romanas continuaron rumbo norte adentrándose en la actual Ourense que sin defensas – la mayor parte de los guerreros había acudido a socorrer a los brácaros – apenas opuso resistencia.
Cuenta Apiano que llegados al río Limia, identificado como el río Lethes o río del olvido (esquecemento), los soldados se negaron a cruzarlo creyendo que perderían la memoria y hubo de ser el propio Bruto el primero en hacerlo. Una vez en la otra orilla llamo a varios de sus soldados por sus nombres trazando de este modo los límites entre realidad y superstición.
Superado este último obstáculo Bruto continuó su inexorable avance hasta alcanzar el río Miño. Posiblemente debido a los ataques sufridos por los indígenas en su retaguardia y a que las expectativas de su expedición se habían cumplido con creces, Bruto regresó a Roma, donde recibiría honores militares y el sobrenombre de Gallicus, hechos de los que se hacen eco fuentes escritas y restos arqueológicos de algunos monumentos conmemorativos.
Y quién dice que todo esto no son mas que habladurias?
estando totalmente de acuerdo con prometeo, exijo algo más que llevarme al la boca.
Una visión muy interesante y amena de una pequeña parte de la historia de Galicia. Habrá más episodios?