redacción | 30 de marzo de 2009
Erase una vez un muchacho que se encontró con la muerte y se hicieron muy amigos. Entonces el muchacho le dijo a la muerte que ya que eran amigos, que le pedía un gran favor, que lo avisara antes de morir, porque así él se podría divertir mejor. La muerte le dijo que así lo haría. Se despidieron y pasaron muchos años sin que el muchacho recibiera ningún aviso de la muerte. Pero un día se apareció la muerte delante del que fuera un muchacho y que ahora ya iba siendo viejo y le dijo que venía a por él. El hombre le dijo que ese no era el trato que tenían, pues había quedado en avisarlo con tiempo. La muerte le contestó:
– ¿Se te puso el pelo blanco?.
– Sí, contestó el hombre.
– ¿Se te cayeron los dientes?.
– Se me cayeron.
– ¿Se te cansaron las piernas?.
– Se me cansaron.
– ¿Perdiste las fuerzas?.
– Si, las perdí.
– Entonces, ¿cúantos avisos más querías?.