redacción | 19 de marzo de 2010

El Centro Social Caixanova acoge desde ayer ‘As paisaxes de Acisclo’. La muestra, que permanecerá abierta hasta el día 18 de abril, exhibe las últimas creaciones en cerámica de Acisclo Manzano, artista de larga y fructífera trayectoria.
El artista y su obra
La aparición de las primeras obras de Acisclo Manzano, en el panorama plástico gallego, supone una interesante ruptura con la línea tradicional y rural seguida por la escultura gallega tras la guerra civil. El escultor, estrechamente vinculado a la vanguardia artística en Galicia, ha generado un lenguaje propio y una original personalidad artística que impregna sus obras con gran naturalidad.
Nacido en Ourense en 1940, Acisclo Manzano inició su formación en centros de enseñanza laboral, donde aprendió a tallar madera. Fue alumno de Asorey y de Liste. Participó, desde muy joven, en muestras artesanales, donde destaca y gana premios por su peculiarísima concepción de la forma, entonces exclusivamente en la madera. Se vincula al grupo de «Os Artistiñas», que anima en Ourense el escritor Vicente Risco, y del que forman parte Xaime Quessada, José Luis de Dios, García de Buciños, con los que recorre el mundo, desde Francia e Italia a Suecia y desde Egipto a México, en cuya capital realiza una exposición, en el Museo de Arte Moderno.
Temporalmente reside en Ibiza, donde comienza a trabajar en el barro rosado de aquella isla, abandonando temporalmente la madera y el bronce, al que de todos modos volverá. Al fin se establece en Viduedo, a unos veinte kilómetros de Ourense, en la carretera a Compostela, porque siente que Fidias y el Maestro Mateo son sus referencias constantes, allí en la casa taller trabaja en solitario.
Fue medalla nacional de Arte Juvenil. Ha realizado exposiciones individuales en numerosas ciudades de España y del mundo. Ha realizado monumentos públicos, relieves para instituciones públicas que son verdaderos emblemas, Está representado en todos los Museos de Galicia, en colecciones institucionales y en otras particulares de gran importancia.
Manzano comenzó en un expresionismo de extraordinaria fuerza, a base de modificar escasa, pero genialmente, troncos abandonados y vigas de derribo. Más tarde fue hacia formas recluídas, vagamente figurativas, o a expresiones humanas muy idealizadas, donde la curva era rotunda y las rugosidades parte esencial de la morfología de sus bronces.
La etapa ibicenca, probablemente la más bella de su producción, está directamente inspirada en los restos fidianos del Partenón que conserva el British Museum. Insinuaciones de formas, a caso femeninas; fragmentos de torsos ondulaciones, con una textura primorosa donde se alterna la convexidad con las granulaciones. Sus torsos son emocionantes, a partir de una forma muy elemental en la que realiza inscripciones casi de orfebre. Las oquedades ha sabido incorporarlas idealmente al volumen resultante que es la obra. Rostros inscriptos en un bloque incisiones en el barro tierno, que al pasar a materia definitiva se enaltecen.
En enero de 2008 toma posesión como miembro de la Real Academia de Bellas Artes del Rosario en un acto académico en el Monasterio de Oseira.