redacción | 13 de septiembre de 2007
Un hidalgo que vivía cerca de la fuente de Pormás, tenía una hija muy hermosa, a la que todos los mozos de la comarca querían enamorar, sin embargo el hidalgo no consentía que nadie se acercase a su hija y para alejarla del peligro fue a encantarla a la fuente.
Un atardecer estaba un chico trabajando en el campo cuando vió como el hidalgo se acercaba a la fuente con su hija y los criados con sacos al hombro. Los criados se fueron después de posar la carga, quedando sólos padre e hija. La chica lloraba amargamente agarrada a los brazos de su padre, rogándole de rodillas que no la dejara allí; pero el padre haciendo caso omiso de los lamentos de la joven dijo:
- No sé que te quejas. Todo lo que necesitas, aquí lo tienes…
El hidalgo sacó un libro y comenzó a leer; pasados unos minutos la chica comenzó a meterse por el caño de la fuente y seguidamente los sacos que habían llevado los criados siguieron el camino que había llevado la chica; quedó fuera una cuerda, y el hidalgo continuó leyendo hasta que la cuerda se tranformó en una gran serpiente que fue metiéndose por el caño de la fuente. Cuándo desapareció el hombre cerró el libro y le dijo:
- Él que te desencante, nueve veces detrás de la cabeza te ha de besar.
El chico dejó el trabajo que realizaba en el campo y se fue a casa, pero al poco tiempo volvió a la fuente Pormás para desencantar la hermosa joven. A pocos pasos de la fuente apareció una mujer que le dijo con cierta tristeza:
- Si no tienes valor, no me desencantes.
El chico, sin horrorizarse, llegó a la fuente y se sentó en una piedra, y oyendo un gran ruído vio salir por el caño de la fuente una enorme culebra. El chico le dio tres besos por tras detrás de la cabeza y la serpiente vovió para la fuente. Volvió esta a salir, ahora haciendo menos ruído, y poniéndose derecha delante del chico llevó otros tres besos y se volvió al agua. La tercera vez salió dócil y al darle los tres besos cayó en el suelo como lo que antes había sido, una cuerda.
Al instante comenzó a oírse un ruído ensordecedor y apareció la chica con los sacos llenos de oro que su padre le había llevado y que guardaba la serpiente.
La chica no quiso volver a casa de su padre, y se casó con el joven que la había salvado… parroquia con el chico que la
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