redacción | 9 de febrero de 2009
Siempre que podía, una doncella llamada Berta cabalgaba por los bosques de Friol, en tierras gallegas.
Su padre, el Señor de San Paio de Narla, no lo veía con buenos ojos, pese a que sus continuas ausencias le impedían ofrecer a su hija compañía y mayor control paterno. Por eso no fue de extrañar lo que sucedió un día.
Mientras cabalgaba desenfrenadamente, la montura de la doncella terminó por desbocarse. Un joven de la aldea vio lo que pasaba y, a riesgo de resultar pisoteado por los cascos de la bestia, consiguió aferrarse al animal y apaciguarlo. Luego acompañó a la mujer un trecho, pero al conocer quién era y dónde vivía, el campesino se retiró rápidamente. A pesar de ello, la muchacha quedó impresionada por la fortaleza y la valentía de aquel hombre.
Al día siguiente, salió en su búsqueda. No le fue muy difícil dar con él.
A partir de entonces, todas las tardes se veían. El trato llevó al enamoramiento mutuo.
Al principio, creían que su relación permanecía a salvo de dimes y diretes, pero en aquellos lugares la intimidad era algo raro.
Pronto llegó a oídos del Señor de San Paio la amistad de su hija con un plebeyo, y estalló en un ataque de furia que derivó en la orden de apresar al aldeano que se había atrevido a acercarse a su hija.
Los caballeros enviados por el Señor de Sampaio pronto les pisaron los talones por lo que, aún sabiendo del peligro, decidieron guarecerse en una cueva cercana en la que, según se decía en el pueblo, habitaba un dragón al que llamaban A Serpe. No había otra alternativa.
Si más armas que sus puños, el joven condujo a su amada hasta la cueva. De pronto apareció una enorme cabeza de dragón con las fauces abiertas y dispuestos a matarlos. Sin pensarlo dos veces el muchacho se arrojó contra la bestia gritando a su amada para que se pusiese a salvo.
Los caballeros habían llegado hasta la entrada de la cueva pero no se atrevían a dar un paso más aterrorizados por los rugidos y gritos que provenían del interior de la gruta.
La doncella salió de A Serpe, enloquecida por el dolor de haber perdido a su amado y la terrible escena que acaba de contemplar siendo conducida a la torre del castillo de su padre, donde llora su tragedia y su soledad.
Desde entonces, A Serpe salía a menudo de su guarida acabando con el ganado, y atacando a cuantos encuentraba a su paso, en la zona cercana al que ya llamado Pozo da Serpe.
Allí, un grupo de valientes consiguió al fin darle muerte, envenenándola, pero esa es ya otra historia.
esta bien perooooooooooooooo pobre chica nooooooooo
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